“Marchemos mano en mano”

El viaje del general de Gaulle a México es la ocasión para proseguir con las gestiones iniciadas a raíz de la visita de López Mateos à París un año antes, en marzo de 1963. Sobre todo, se trata de afianzar la cooperación técnica y otorgar créditos para contribuir al equipamiento industrial y a las grandes obras de infraestructura de México.

En un discurso pronunciado el 17 de marzo, de Gaulle reafirma los principios de esa cooperación:

“Si en el orden afectivo todo conduce a México y a Francia a establecer lazos más estrechos, eso también es válido en el campo práctico. Su país, […] repleto de virtualidades económicas que superan por mucho los considerables resultados ya obtenidos […], tiene los mejores motivos para recurrir al mío en pos de ayuda para su desarrollo. […] Pero si esta suerte de llamada recíproca es, desde el punto de vista material, conforme al orden de las cosas, ¡cuánto más lo es tratándose de la cultura, la ciencia y la técnica, que regulan, en nuestro tiempo, cada avance de la civilización!”

Tanto de Gaulle como López Mateos perciben la visita mexicana como una magnífica caja de resonancia a fin de afirmar las grandes líneas de sus políticas exteriores. Francia desea defender una política internacional que repose sobre dos pilares: el desarrollo y la equidad entre los Estados. México quiere diversificar sus socios económicos, desde una perspectiva de progreso e independencia nacional. Por estos medios, cada país espera que su voz se oiga más alto en el concierto de naciones.

Asimismo, en una declaración conjunta, de Gaulle y López Mateos se comprometen a aunar esfuerzos para repensar los intercambios entre la Europa del Mercado Común y América Latina. Esa posibilidad da lugar a grandes esperanzas.