México-Francia: una larga historia

De Gaulle es el primer presidente francés en venir a América Latina. Eligio ir México en primer lugar, del 16 al 19 de marzo de 1964. No se trata de una escala, sino de una visita de Estado completamente dedicada a ese país, que entonces preside Adolfo López Mateos.

Ese viaje brinda a de Gaulle la ocasión de recordar los lazos, en particular culturales, que unen a ambas naciones desde hace tanto tiempo. Pero también le permite recordar el apoyo que numerosos ciudadanos mexicanos habían brindado a la Francia Libre:

“Ustedes son, como lo fueron sus predecesores, amigos de Francia. Cada vez que mi país atravesó dificultades […], sintió venir de estas latitudes, a través de todas las vías de la simpatía, un preciado concurso moral. ¿Cómo podría olvidar la ayuda que México prestó de tantas formas a la Francia Libre durante su esfuerzo por liberar la victoria y la patria?”

Discurso pronunciado ante el Congreso mexicano el 17 de marzo de 1964

Y para demostrar que la expedición dispuesta por Napoleón III había quedado bien lejos, Francia devuelve a los mexicanos tres banderas que se habían llevado las tropas imperiales en 1863 y 1864. Excelsior comenta esta decisión destacando que “los mexicanos siempre han sabido hacer la diferencia entre Napoleón III y la Francia de los Derechos Humanos.”

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El viaje del general de Gaulle a Suramérica

Del 21 de septiembre al 16 de octubre de 1964, el general de Gaulle lleva a cabo un viaje que lo conduce por los diez Estados del continente suramericano. A lo largo del viaje, pronuncia discursos en francés y en español, en los que anima al desarrollo de los vínculos de amistad y de cooperación entre Francia y Suramérica.

Del 21 de septiembre al 16 de octubre de 1964, el general de Gaulle lleva a cabo un viaje triunfal por toda América Latina, visitando sucesivamente Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y, finalmente, Brasil (en marzo de 1964, ya había realizado una visita oficial a México). Para el presidente francés, se trata ante todo de crear contactos con esta otra América, transmitir los mismos ánimos de independencia que a los satélites de la URSS y plantear así la política de Francia como una tercera alternativa posible frente al mundo bipolar. Por  su parte, los Estados Unidos, para los que todo el continente americano es un “coto de caza privado”, ven en dicho viaje una nueva afrenta –una más- de la diplomacia francesa.

En Venezuela, en concreto en Caracas, el general de Gaulle es acogido a su descenso de la Carabela por el presidente Raúl Leoni. En las calles de la capital, la población lo recibe con entusiasmo. Tras un discurso ante el Parlamento, se dirige al palacio de Miraflores, donde recibe una condecoración, “un collar que proviene del mismísimo Bolívar”, habría dicho: Simón Bolívar, figura de la emancipación de América Latina, era buen conocedor de Francia. Admirador de Napoleón I (asiste incluso a su coronación), vivió varios años en la Europa de la Ilustración.

En Colombia, donde el presidente Guillermo León Valencia debe hacer frente a múltiples guerrillas marxistas, el general de Gaulle desembarca en Bogotá el 22 de septiembre. Allí, miles de colombianos saludan al cortejo presidencial, que recorre las calles de la capital. Al día siguiente, como en cada uno de los países visitados, el presidente francés firma acuerdos de cooperación económica y técnica, con vistas al acercamiento entre América Latina y Europa.

En Ecuador, país recurrentemente zarandeado por los golpes de Estado de la junta militar, de Gaulle es recibido por el contralmirante Ramón Castro Jijón, presidente de dicho régimen autoritario desde 1963. En el balcón del palacio nacional de la plaza de la Independencia, toma la palabra en español, para gran alborozo de la población de Quito, reunida para escuchar al “caudillo”, el General victorioso.

En Lima, Perú, el general de Gaulle es recibido por el presidente Fernando Belaúnde Terry. El periodista menciona entonces el nombre de Manuel Prado Ugarteche, presidente en dos ocasiones: la primera, durante la Segunda Guerra Mundial (sumó a su país al bando de los Aliados); una segunda de 1956 a 1962 (en la que fue recibido en visita oficial en Francia).

En La Paz, Bolivia, se encuentra con el presidente Víctor Paz Estenssoro. Algunas semanas más tarde, en noviembre de 1964, una junta militar le arrebató el poder en beneficio de René Barrientos Ortuño.

En Chile, con quien Francia mantiene una larga relación de amistad desde el siglo XIX, el general de Gaulle es recibido por el presidente Jorge Alessandri y firma importantes acuerdos de cooperación técnica y cultural.

En Argentina, la situación política es explosiva: acosado por incesantes golpes de Estado militares, el país está entonces en manos del presidente Arturo Illia, cuyo gobierno se siente amenazado por el movimiento peronista. Y el dictador exiliado pone al General en una situación comprometida cuando solicita a sus defensores que “saluden a de Gaulle como le saludarían a él”.  De esta forma, diversas manifestaciones -violentamente reprimidas por el poder- estallan a lo largo del recorrido del presidente francés.

“Marchemos mano en mano”

El viaje del general de Gaulle a México es la ocasión para proseguir con las gestiones iniciadas a raíz de la visita de López Mateos à París un año antes, en marzo de 1963. Sobre todo, se trata de afianzar la cooperación técnica y otorgar créditos para contribuir al equipamiento industrial y a las grandes obras de infraestructura de México.

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Los mexicanos saludan “al héroe de la Resistencia francesa”

El general de Gaulle llega a México el 16 de marzo de 1964. El periódico Excelsior da cuenta del “inmenso entusiasmo” que este último provoca en los habitantes de la capital desde el primer día de su visita. Se estima en un millón la cantidad de personas que fueron a aclamar en las calles a aquél que a menudo es designado como “el héroe de la Resistencia”.

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