De Gaulle en México: ¿cuál fue la reacción de Estados Unidos?

La elección de México como primera destinación en América Latina por parte del general de Gaulle no es anodina. Oficialmente, el presidente francés se conforma con visitar al presidente López Mateos, recibido en París en marzo de 1963.

Pero México es vecino de Estados Unidos, y más que cualquier otro padece la hegemonía americana sobre el continente en los años 1960. El pesado diferendo histórico que se remonta a la guerra de 1846-1848 sigue pesando sobre las relaciones entre ambos países, los cuales sin embargo permanecen muy ligados. Así pues, numerosos comentadores ven en este viaje una forma de equilibrar la potencia americana en esta parte del mundo.

Hace tiempo que en Estados Unidos se le reprocha a de Gaulle el “hacerle el juego a los ‘comunistas”. Esta crítica encuentra un eco muy particular en una América Latina marcada por las consecuencias de la Revolución Cubana.  En marzo de 1964, los periódicos norteamericanos minimizan el recibimiento del general y lo comparan con el entusiasmo de los mexicanos a propósito del viaje de Kennedy en 1962.

De todos modos, el presidente francés, al igual que sus interlocutores mexicanos, se muestra muy prudente. Pone atención en no atacar de frente los intereses norteamericanos.

El 17 de marzo de 1964, ante el Congreso mexicano, de Gaulle se refiere a un “México proclive a recibir considerables inversiones en su marcha hacia adelante, cuidando que las mismas no provengan todas de la misma fuente”; y agrega que “México […] sin desconocer en absoluto lo que tienen de natural y fecundo las relaciones masivas que mantiene con su gran vecino del norte, se ve atraído por toda suerte de afinidades hacia los países europeos y, en primer lugar, me atrevo a decir, hacia el mío.”