30 de mayo de 1968 – Alocución televisada del general de Gaulle

Francesas, franceses.

Estando en mis manos la legitimidad nacional y republicana, he abordado, desde hace veinticuatro horas, todas las eventualidades, sin excepción, que me permitirían mantenerla. He tomado mis decisiones.

En las circunstancias actuales, no me retiraré. He recibido un mandato del pueblo, lo cumpliré.

No cambiaré al Primer ministro, cuyo valor, solidez y capacidad merecen el reconocimiento general. Me propondrá los cambios que considere oportunos en la composición del gobierno.

Disuelvo, en el día de hoy, la Asamblea Nacional.

He propuesto al país un referéndum que ofrecía a los ciudadanos la oportunidad de lanzar una reforma profunda de nuestra economía y de nuestra Universidad y, paralelamente, de decir si todavía me otorgaban su confianza, o no, por la única vía aceptable, la de la democracia. Constato que la situación actual impide materialmente que se lleve a cabo. Por ello pospongo la fecha. En cuanto a las elecciones legislativas, se celebrarán en los plazos previstos por la Constitución, a menos que se pretenda amordazar al pueblo francés en su conjunto, impidiéndole expresarse a la par que se le impide vivir, por los mismos medios con los que se impide estudiar a los estudiantes, enseñar a los docentes, trabajar a los trabajadores. Dichos medios son la intimidación, la intoxicación y la tiranía ejercidas en consecuencia por grupos organizados desde hace tiempo y por un partido que es una empresa totalitaria, aunque ya tiene rivales en este ámbito.

Si por lo tanto dicha situación de fuerza se prolonga, para mantener la República, me veré obligado a tomar, de acuerdo con la Constitución, otras vías diferentes al escrutinio inmediato del país. En todo caso, por doquier e ipso facto, se debe organizar la acción cívica. Ello debe hacerse, de entrada, para ayudar en su tarea al gobierno, y luego localmente a los prefectos, convertidos, o convertidos de nuevo, en comisarios de la República, tarea que consiste en garantizar tanto como sea posible la existencia de la población y a impedir la subversión en todo momento y en todo lugar.

De hecho, Francia se ve amenazada por una dictadura. Se quiere obligarla a resignarse a un poder que se impondría en la desesperanza nacional, poder que sería entonces, evidente y esencialmente, el del vencedor, es decir, el del comunismo totalitario. Naturalmente, se vería teñido al principio de una apariencia engañosa, utilizando la ambición y el odio de politicastros en dique seco. Tras lo cual, la influencia de dichos personajes no sería mayor que su peso, más bien ligero.

¡Pues bien! ¡No! La República no abdicará. El pueblo se rehará. El progreso, la independencia y la paz prevalecerán con la libertad.

¡Viva la República!

¡Viva Francia!