6 de junio de 1944 - Discurso del general de Gaulle, pronunciado en la BBC

¡La batalla suprema ha comenzado!

Tras tantos combates, furores, sufrimientos, he aquí el choque decisivo, el choque tan ansiado. ¡Por supuesto, es la batalla en Francia y es la batalla de Francia!

Inmensos medios de ataque, es decir, de socorro, para nosotros, han comenzado a desplegarse desde las costas de la vieja Inglaterra. Ante este último bastión de Europa al oeste fue detenida, antaño, la marea de la opresión alemana. Hoy es precisamente el punto de partida de la ofensiva de la libertad. Francia, invadida desde hace cuatro años, pero en ningún modo reducida, ni vencida, Francia se yergue para participar en ella.

Para los hijos de Francia, allí donde se encuentren, el deber simple y sagrado es el de combatir con todos los medios a su alcance. Se trata de destruir al enemigo, al enemigo que aplasta y mancilla la patria, al enemigo detestado, al enemigo deshonrado.

El enemigo hará todo lo posible por zafarse de su destino. Se aferrará a nuestra tierra todo el tiempo que le sea posible. Sin embargo, hace ya tiempo que no es sino una fiera que se bate en retirada. De Stalingrado a Tarnapol, de las orillas del Nilo a Bizerta, de Túnez a Roma, se ha ido acostumbrando a la derrota.

Esta batalla, Francia va llevarla a cabo con furor. La va a llevar a cabo en el orden adecuado. Así es como hemos logrado, desde hace quince siglos, cada una de nuestras victorias. Así es como nos haremos con esta.

¡Con orden! Para nuestros ejércitos de tierra, mar y aire, no se plantea problema alguno. Nunca fueron tan ardientes, tan capaces, tan disciplinados. África, Italia, el océano y el cielo han asistido al renacimiento de su fuerza y su gloria. ¡La Tierra natal las verá mañana!

Para la nación en liza, atada de pies y manos, contra el opresor armado hasta los dientes, el orden adecuado en la batalla exige varias condiciones.

La primera, que las consignas dadas por el Gobierno francés y por los jefes franceses designados como tales sean seguidas al pie de la letra.

La segunda, que la acción llevada a cabo tras las líneas enemigas estén tan sincronizadas como sea posible con aquellas que lanzan de frente las tropas aliadas y francesas. Sin embargo, todo el mundo debe ser consciente de que la acción de los ejércitos será ardua y larga. Es decir, que la acción de las fuerzas de la Resistencia debe prolongarse para ir amplificándose hasta el momento de la estampida alemana.

La tercera condición es que todos aquellos que sean capaces de actuar, ya sea con las armas, destruyendo, con la información, con su rechazo a ser útiles al enemigo, no se dejen hacer prisioneros. ¡Que todos ellos se eviten de entrada la inmovilización o la deportación! Sean cuales sean las dificultades, cualquier cosa es preferible a quedar fuera de combate sin combatir.

La batalla de Francia ha comenzado. No hay en la nación, en el Imperio, en las tropas, más que una única voluntad compartida, una sola esperanza común. ¡Tras el oscuro nubarrón de nuestra sangre y nuestras lágrimas, he aquí que luce de nuevo el sol de nuestra grandeza!