22 de junio de 1940 – Discurso del general de Gaulle en la radio de Londres (BBC)

El gobierno francés, tras haber solicitado el armisticio, conoce actualmente las condiciones dictadas por el enemigo.

De dichas condiciones resulta que las fuerzas francesas de tierra, mar y aire se verían completamente desmovilizadas, que nuestras armas serían entregadas, que el territorio francés sería ocupado y que el Gobierno francés quedaría sometido a Alemania y a Italia.

Por todo ello, cabe afirmar que dicho armisticio representaría, no solo una capitulación, sino incluso una servidumbre.

Sin embargo, muchos franceses no aceptan la capitulación ni la servidumbre, invocando razones como el honor, el sentido común, el interés superior de la Patria.

¡Digo bien el honor! Ya que Francia se ha comprometido a no deponer las armas más que de acuerdo con los Aliados. Mientras sus Aliados prosigan la guerra, su gobierno no tiene derecho alguno de entregarse al enemigo. El Gobierno polaco, el Gobierno noruego, el Gobierno belga, el Gobierno holandés, el Gobierno luxemburgués, a pesar de haber sido expulsados de su territorio respectivo, han entendido así su deber.

¡Digo bien el sentido común! Ya que resulta absurdo dar la lucha por perdida. Sí, hemos encajado una gran derrota. Un sistema militar deficiente, los errores cometidos en la ejecución de las operaciones, la mentalidad de abandono del Gobierno durante estos últimos combates, nos han hecho perder la batalla de Francia. No obstante, conservamos un vasto Imperio, una flota intacta y oro en abundancia. Conservamos aliados, cuyos recursos son inmensos y extienden su dominio sobre los mares. Conservamos las gigantescas posibilidades de la industria norteamericana. Las mismas condiciones de la guerra que nos han infligido la derrota con 5.000 aviones y 6.000 carros pueden llevarnos, mañana, a la victoria con 20.000 carros y 20.000 aviones.

¡Digo bien el interés superior de la Patria! Ya que esta guerra no es una guerra franco-alemana zanjada con una sola batalla. Esta guerra es una guerra mundial. Nadie puede prever si los puebles que son neutros hoy lo serán el día de mañana, ni si los aliados de Alemania seguirán siempre a su lado. ¿Y si las fuerzas de la libertad triunfasen a la postre sobre las de la servidumbre, cuál sería el destino de una Francia que se hubiese sometido al enemigo?

El honor, el sentido común, el interés de la Patria, exigen a todos los franceses libres que prosigan el combate, allí donde se encuentren, y en la medida de sus posibilidades.

Por lo tanto, resulta imperativo agrupar donde se pueda una fuerza francesa, tan numerosa como sea posible. Todo aquello que pueda ser reunido, en términos de elementos militares franceses y de capacidades francesas de producción de armamento, debe organizarse allí donde esté.

Yo, el General de Gaulle, asumo aquí, en Inglaterra, dicha tarea nacional.

Invito a todos los militares franceses de los ejércitos de tierra, mar y aire, invito a los ingenieros y los obreros franceses especialistas en armamento que se encuentren en territorio británico o que pudiesen alcanzarlo, a reunirse conmigo.

Invito a los jefes y a los soldados, los marinos, los aviadores de las fuerzas francesas de tierra, mar y aire, allí donde se hallen actualmente, a ponerse en contacto conmigo.

Invito a todos los franceses que deseen conservar su libertad a escucharme y a seguirme.

¡Viva la Francia libre en el honor y en la independencia!